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Economías creativas: cuando el talento se convierte en desarrollo

Desde los videojuegos y el diseño hasta la gastronomía, el cine y los festivales, las economías creativas generan empleo, impulsan exportaciones y fortalecen la identidad de los territorios. En un mundo donde el conocimiento adquiere cada vez más valor, la creatividad dejó de ser un atributo cultural para convertirse en un activo estratégico del desarrollo.

Durante décadas, la cultura fue entendida principalmente como un patrimonio que debía preservarse o como un derecho al que la población debía acceder. Sin embargo, durante los últimos veinte años comenzó a consolidarse un cambio de paradigma: la creatividad también produce riqueza, innovación y competitividad.

Hoy, las llamadas economías creativas constituyen uno de los sectores más dinámicos de la economía mundial. Según el informe Creative Economy Outlook 2024 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en los países donde existen mediciones estas actividades representan entre 0,5% y 7,3% del Producto Bruto Interno, generan entre 0,5% y 12,5% del empleo, mientras que las exportaciones mundiales de servicios creativos alcanzaron los 1,4 billones de dólares en 2022, casi el doble que las exportaciones de bienes creativos, que sumaron 713.000 millones de dólares.

Estos datos reflejan una transformación profunda: el principal recurso económico ya no siempre es una materia prima o una industria pesada. Cada vez con mayor frecuencia, el valor se genera a partir del conocimiento, la innovación y la propiedad intelectual.

Mucho más que arte y cultura

Cuando se habla de economías creativas suele pensarse en el cine, la música o el teatro. Sin embargo, el concepto es considerablemente más amplio.

Comprende todas aquellas actividades cuyo principal insumo es la creatividad humana. Allí conviven las industrias culturales tradicionales —editorial, audiovisual, artes escénicas, música y artes visuales— con sectores como la arquitectura, el diseño, la publicidad, la moda, la gastronomía, la artesanía, los videojuegos, la animación, el software, la fotografía, la producción de contenidos digitales, la realidad virtual, la inteligencia artificial aplicada a procesos creativos, los museos, el patrimonio cultural, las bibliotecas, los festivales y las experiencias turísticas vinculadas a la cultura.

Lo que une a todas estas actividades es que generan valor económico a partir de activos intangibles: ideas, diseño, innovación, identidad y conocimiento.

Cinco experiencias que muestran su potencial

Los casos internacionales demuestran que la creatividad puede convertirse en una verdadera política de Estado.

Corea del Sur impulsó desde la década de 1990 una estrategia para fortalecer la música, el cine, las series, la animación y los videojuegos. El resultado fue la denominada Hallyu o "Ola Coreana", que convirtió al K-Pop, las producciones audiovisuales y los contenidos digitales en uno de los principales instrumentos de proyección internacional del país.

En Bilbao, la apertura del Museo Guggenheim en 1997 marcó el inicio de una profunda transformación urbana. La inversión cultural actuó como catalizador para el turismo, la hotelería, la gastronomía y la recuperación del espacio público, dando origen al conocido "efecto Bilbao".

Perú convirtió su gastronomía en uno de los pilares de su Marca País. La valorización internacional de su cocina, reforzada por el reconocimiento del ceviche como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, impulsó el turismo gastronómico, fortaleció la agricultura familiar y consolidó una identidad culinaria reconocida a nivel mundial.

El Carnaval de Río de Janeiro, en Brasil, representa uno de los mejores ejemplos de industria cultural. Su organización moviliza durante todo el año a miles de trabajadores de la música, el diseño, la confección, la logística, el turismo y los servicios, generando un fuerte impacto económico sobre toda la ciudad.

En Finlandia, empresas como Rovio (Angry Birds) y Supercell (Clash of Clans) demostraron cómo una política sostenida de innovación, educación y financiamiento puede transformar a la industria de los videojuegos en un sector exportador de alto valor agregado.

Un desafío para América Latina

Para América Latina, el desarrollo de las economías creativas representa una oportunidad para diversificar su matriz productiva, generar empleo calificado y potenciar activos que no pueden deslocalizarse: el talento, la identidad cultural y la capacidad de innovación. A diferencia de otras industrias, estas actividades no dependen exclusivamente de grandes recursos naturales, sino de ecosistemas que articulen educación, financiamiento, infraestructura, tecnología y políticas públicas capaces de acompañar el crecimiento de los emprendimientos creativos.

Argentina cuenta con ventajas competitivas significativas. Su tradición audiovisual, la calidad de sus industrias culturales, el desarrollo del software, el diseño, la gastronomía, los videojuegos y el talento de sus profesionales han demostrado capacidad para competir en mercados internacionales. El desafío consiste en consolidar estas capacidades mediante estrategias de largo plazo que promuevan la inversión, faciliten el acceso al financiamiento, impulsen la internacionalización y fortalezcan los vínculos entre el sector público, el sector privado y el sistema científico-tecnológico.

En un escenario global donde el conocimiento se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento, la creatividad dejó de ser únicamente una expresión cultural para transformarse en un activo económico estratégico. Los países que logren convertir ese talento en innovación, empleo y exportaciones no sólo fortalecerán sus economías, sino que también encontrarán una nueva forma de proyectar su identidad y su desarrollo en el mundo.

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